domingo 22 de junio de 2008

Una reflexión sobre los sin papeles

Con el artículo publicado en el País“Europa se blinda ante los inmigrantes” el profesor Samir Naïr describe con una frase una situación que lejos de hablar de establecer reglas de juego claras en cuanto al derecho de libre circulación de los seres humanos, lleva a su anulación como seres humanos y su penalización.

Los estudios de inmigración cada vez más inciden en un abordaje del proceso tomando en cuenta la particularidad de quienes lo componen, es decir más allá de hablar del mismo como el paso fronterizo de mano de obra o de “fuga de cerebros”, nos encontramos ante un querer comprender la particularidad de cada uno de esos seres humanos, de cada una de esas personas.

Es difícil desde un estado de bienestar el plantearse el mundo más allá del dinero que tenemos que disponer mes a mes para la hipoteca, o el agobio a llegar al mes de junio y no tener vacaciones, o como ha subido el precio de los alimentos. Es difícil desde este espacio el plantearse que en los llamados países del sur este tipo de prioridades no existen, el rango de prioridades es distinto: sin embargo se tiene casa propia, se va de vacaciones y las personas cuentan con algo con que comer e incluso invitar si hace falta..

El planteamiento no va por cuestionar occidente, en absoluto, va por aperturar otra óptica ante un mismo problema. Por qué se migra, realmente no hay oportunidades, qué se busca encontrar en Europa, qué es desarrollo para los países del Sur. Qué se tiene y qué no se aprecia por estar lejano de ese modelo de desarrollo exportado desde el norte, y que año a año se reproduce y reinventa siendo el motor que expulsa a muchas personas a pasar por situaciones penosas como ante las que en este momento se enfrentan toda aquella persona sinpapeles que habita en la Unión Europea.

El desarrollo, o la razón de migrar para algunas personas que encontré en el camino cuando pensaba en hacer lo mismo: tenia por objetivo la adquisición de un coche, el dejar atrás años de formación universitaria y acceder a un puesto de trabajo poco cualificado en una tienda de dulces en Miami. Eso en el caso de unos, en otros, el no encontrar respuesta a sus propias preguntas y encontrar en la misma aventura de migrar un sentido a su vida; sin embargo, encontré en otros una conciencia clara de que querer hacer, y la búsqueda de mejores espacios dónde poder desarrollarse. Estos casos en su mayoría han logrado asentarse e integrarse perfectamente en situaciones en las cuales el bienestar ha llegado sólo, no siendo este un fin sino un espacio al cual se accedía.

La pregunta que seguro surgirá en alguien que lea este artículo, es que cuando la carestía apremia hay otro tipo de necesidades que bajan en el rango de importancia. Sobre esto, es algo que llevo pensando un tiempo, y considero que no es necesariamente cierto. Hay razones mayores, hay fuerzas mayores que hacen que el recorrido de inserción de determinados inmigrantes sea mas satisfactorio que otros, y en esta revisión es que podremos encontrar “reglas de juego” más justas para poder arbitrar estos procesos migratorios desmedidos.

El desarrollo en el sur es posible, la cooperación al desarrollo lo posibilita, ciertamente, sin embargo hay casos particulares: casos de personas que más allá de las dificultades que tiene por delante logran salir adelante y forjarse por si mismos un estado de bienestar mayor. Un caso de este tipo era citado recientemente por Mario Vargas Llosa en el País al hablar del caso de Aquilino Flores, empresario textil peruano que empezó con la venta ambulante hasta crear toda una industria textil. Los valores y aquellos recursos que impulsaron al señor Flores en todo su camino, fueron la fuerza de voluntad, el buen talante y sobre todo las ganas de salir adelante: el resto llego sólo y pudo concretarse gracias al empuje y ganas de trabajar. ¿Sueño Americano?, no sudamericano, en Perú, uno de los países con mayores tasas de inmigración. Ante esto, nos preguntamos: la única salida es migrar. El acceso al bienestar material es el único fin de todo proceso migratorio, hacia donde ir.

Más allá de criminalizar a los criminalizadores quisiera abrir un espacio de reflexión entre aquellos que migramos, y las razones por la cual lo hacemos. Y a aquellos que criminalizan, recordar que América del Sur fue espacio de acogida de inmigrantes. En concreto de muchos inmigrantes italianos, muchos de los cuales llegaron en situaciones de extrema pobreza, y que en ningún momento fueron acogidos de manera represora. América del Sur también ha sido tierra de oportunidades, y en ese sentido de justicia esperamos un mejor trato.

lunes 21 de abril de 2008

Klass

El hablar de bullying o cualquier otra situación de acoso supera la comprensión de aquellos que de manera indirecta toman contacto con la víctima.
El si toda la vida pasó, o el pensar que porque la gran masa lo hace tenemos que permitir que se siga haciendo es aquello que permite que este tipo de situaciones se sigan repitiendo.
Más allá de juicios valorativos, u opiniones de juicio moral, o teorizaciones sobre la violencia, esta película permite adentrarnos al meollo del conflicto: que sientes, como te sitúas ante una situación de este tipo, la soledad que te apodera, la incapacidad de poder defenderte. Esta película permite situarte en el lugar del otro, rompiendo ese espacio de mero espectador.
El acoso, el bullying, el mobbing, más allá de una relación de poder es una situación que mina y desgasta, y que apertura una nueva lógica de comunicación: la escucha activa y el dejar de lado cuestionamientos sobre la susceptibilidad, o el sentido real de ser fuerte o no. La subjetividad adquiere un papel importante, cuando vislumbramos que es algo colectivo, y que sólo en la legitimación de esta se abren las vías que nos acercan a aquello que puede estar pasando y sufriendo la víctima.
Más allá de cifras, más allá de sus actualidad, el tema supone un repensarnos a nivel sujeto y a nivel social. Las cosas siempre han sido así, o es que ahora hemos dejado de permitir que sigan siendo así. ¿Evolución o eclosión moral?

domingo 2 de marzo de 2008

Migrar

Cuando vives en Latinoamerica y llegas a una determinada edad, el viaje a Europa constituye un elemento importante dentro de tu itinerario de vida.
Con anterioridad al flujo migratorio que ha aperturado a nuestras comunidades otros espacios de convivencia, era un espacio reservado para unos cuantos. Era el viaje de cultura y del cual podiamos presumir. De hecho en la actualidad, lo sigue siendo así para algunos.
El vivir fuera, en concreto en Europa, mas allá de poder tener cerca de ti cosas que antes podias visualizar a traves de folletos turisticos o programas de la televisión, te apertura una nueva realidad. La misma está constituida por la experiencia misma del migrar y todo lo que esta trae consigo: encontrar nuevos amigos, trabajar, situarte en una nuevas ciudad y hacerte a hábitos y costumbres distintos a aquellos con los que naciste.
El mundo y las relaciones cambian, al menos, eso me ha pasado a mí: lo que antes pasaba delante de mi como evidente, en la actualidad comienza a tener un valor mas esencial: el ir en búsqueda de la Torre Eiffel, se ha convertido desde que vivo aqui en ir en busca de esa diversidad, una diversidad que alimenta y enriquece, una diversidad que entiendo como convivencia: una que parte de valores esenciales mayores al mero hecho de formar parte de una determinada cultura.
Las calles, los ruidos, guardan su propio encanto pero son meros marcos de situaciones que son atemporales: actos, espacios, y sensaciones, las mismas que a pesar de todo: siguen siendo iguales. Y creo que cuando llegas a este punto, es cuando comprendes el verdadero hecho de viajar: el poder hallar lo mismo mas alla de la cobertura que lo contenga, mas alla incluso de su misma diversidad.

martes 22 de enero de 2008

but when the night is falling and you cannot find the light
if you feel is dying, hold tight: you have got the music in you
don't let go:
you have got the music in you,
don't let go
you have got the music in you,
one dance left, this world
is gonna pull through
don't give up:
you have got a reason to live
can't forget we only get
what you give
this whole dammworld can fall apart,
you will be ok, follow your heart

Gregg Alexander (en Un Milagro en Equilibrio, Lucía Etxebarria, 2004)

jueves 25 de octubre de 2007

La Mujer Magrebí: Retos, Logros y Fracasos

El lunes leía en la prensa una noticia que hacía referencia a la aceleración de parte de Bruselas de la creación de la tarjeta azul para inmigrantes cualificados.

El fundamento de esta ley tiene base en la creciente importancia que tiene una economía basada en el conocimiento, en los cambios estructurales, el auge del sector servicios, la deslocalización y el envejecimiento progresivo de Europa.

Una ley, que a mi parecer da sentido formal a una realidad que viene existiendo hace mucho tiempo. Una realidad que evidencia otro tipo de migración, una migración que por su carácter configura otro tipo de inmigrante, una realidad que como tal rompe prejuicios contra un estereotipo dado. Una realidad a pesar de diferenciarnos en dos grupos de migrantes, la de los con formación de aquellos sin formación, no consigue borrar algo que nos une: el proceso de integración como tal.

El proceso de integración como tal tiene muchas etapas: la de la ilusión por lo nuevo, la de frustración ante situaciones que no se cumplieron, la del gozo ante el logro, pero sobre todo la de la sabiduría que te da cada uno de estos pasos andados.

El planteamiento de esta conferencia habla de prejuicios, recelos y desconocimientos. Habla de proyecciones, de estereotipos, incomprensión y desencuentro de parte de la sociedad de acogida a una cultura distinta, en este caso la de mis compañeras. Sin embargo, quisiera tomar esta reflexión inicial y aperturarla: estos estereotipos, prejuicios, recelos y desconocimientos atribuibles a la sociedad de acogida, también cohabitan en mayor o menos medida en cada uno de nosotros. Afloran en este proceso de integración, y son hitos en este camino. No sólo chocamos con aquellos de quien nos acoge sino con los propios, siendo estos esas piedras con las que chocamos en el camino, una y otra vez.

Me resultó interesante por ello la perspectiva de la charla: retos, fracasos y logros. La occidental es una sociedad enfocada al éxito, en la cual nos reconocemos a partir de lo que tenemos y en contadas ocasiones por los que somos. La nuestra es una cultura en la cual el fracaso es ocultado como motivo de vergüenza, sin entender que en ocasiones detrás del mismo hay una mayor enseñanza que como tal puede definirse como un auténtico logro.

Más allá de nuestra mayor o menor calificación, más allá de ser cifras en un padrón somos personas que accedemos a una nueva situación por el mismo hecho de migrar: esta supone para cada uno de nosotros un proceso de cambio interno. Y en este proceso da igual si eres más o menos cualificado, si fuiste o dejaste de ser de donde viniste, aquello que aflora de todo este proceso es la configuración para cada uno de nosotros de una nueva realidad personal en la que conviven unas raíces guardadas en el corazón y nuestra experiencia de integración a sociedades que terminamos haciendo nuestras. En el que la fortaleza ante las dificultades, la apertura a lo nuevo y la flexibilidad ante el cambio son cualidades que vamos desarrollando y que constituyen nuestra nueva esencia.

Quisiera que desde este lugar y desde la perspectiva que nos apertura escuchar el sentido del reto, el fracaso y el logro desde otra cultura escuchar a mis compañeras.

(Presentación a Conferencia organizada por el FISC en la Sala Kutxa entorno a la Mujer Magrebí el24 de Octubre de 2007 en San Sebastián- Guipúzcoa-España)

jueves 12 de julio de 2007

El Valor del Tiempo

Hace poco estuve en Madrid en una serie de conferencias, mesa redonda, en las que se hacia una discusión sobre el papel actual de la fotografía analógica frente a la digital.

La discusión discurrió por varios puntos y posiciones frente al papel de la fotografía digital en la actualidad. Los argumentos planteados por los casi cuatrocientos que formaban el público frente a los planteados por la mesa eran disímiles. El sentido de abaratamiento de la fotografía como tal y la democratización, constituían argumentos de defensa de lo digital frente a lo analógico. La charla quedó zanjada el primer día en este sentido, y a los niveles que llegó los días siguientes fue más profunda, se ahondo más en el fondo que en la forma de con qué fotografiar.

El fondo de fotografiar en analógico está equiparado a la magia de dejar que el tiempo trascurra, que cada cosa tome su tiempo, que cada cosa madure en su justa medida y que producto de esa paciencia apreciemos aquello que el tiempo ha sido capaz de labrar y tallar en toda su sabiduría.

Vivimos en una sociedad plagada de imágenes, se mencionó que el pasado 2006 se hicieron tantas imágenes como en toda la historia de la fotografía. Pero ante esto, me quedo con la pregunta de cuantas de esas imágenes somos capaces de ver. O peor aún algo que también se anotó, cuantas de esas imágenes se destruyeron, o cuántas no se imprimieron. El punto va por reflexionar en que lugar queda nuestra capacidad de contemplar después de haber sido apabullados por una vorágine de imágenes.

Soy de las que pensaban que existe una soporte para un determinado tipo de imagen. Argumento traído al suelo después de la última mesa redonda de este encuentro de fotografía. Ser fotógrafo no es la cámara, ser fotógrafo es poseer esa capacidad de ver y mostrar aquello que ves y te sorprende.

La intención de quienes dirigieron la charla la encaminaron en sentido de reflexionar sobre la forma como nos posicionamos aquellos que tomamos fotos frente a lo que fotografiamos. Recuperar no sólo la inocencia, sino la paciencia de observar y contemplar, y expresar.

En mi caso, la charla constituyó una metáfora del tiempo, del tiempo que en ocasiones queremos evitar con la velocidad de la tecnología, un tiempo inevitable y necesario, aquel que como en la fotografía analógica consigue en su paciencia revelar cosas, ajustar matices y dando más, develar más detalles.

Vivimos deprisa, tratando de llegar, y en ocasiones en esta rapidez, dejamos de lado el ver, el observar y el contemplar. El guardar el gusanillo que te da el no saber que fotografiaste, el vacío de la incertidumbre, y al final sorprenderte con aquello que en un segundo fuiste capaz de captar.

Más allá de una discusión sobre lo digital y lo analógico, para mí fue una metáfora de la forma en que vivimos hoy, de cómo ir despacio aún cuando todo alrededor va de prisa.

viernes 29 de junio de 2007

Artículos Sobre Inmigración:Hitza Dugu

El problema de nuestros países

Por Laura Quiun

Desde que vivo fuera, me he encontrado en múltiples ocasiones con una conversación que asumo como normal, la misma tiene como punto de reflexión el problema de “nuestros países”. Me llama la atención tomar como normal algo que en realidad resulta sorprendente: el nivel de sensibilización que desde fuera se puede tener hacia nosotros y el deseo real de querer hacer algo; y no sólo a nivel de reflexión, sino con acciones concretas.

He llegado a criticar por momentos esta perspectiva por considerarla en ocasiones lejana y un tanto paternalista; sin embargo, lo que no puedo negar y realmente aprecio es como alguien de fuera se puede preocupar por una realidad que probablemente nunca conocerá de forma directa,.. pero a pesar de todo tiene intención de apoyar.

Desde fuera se entiende nuestra realidad como una diferencia entre los que mas tienen frente a los que menos tienen. La pobreza y la corrupción se asumen como males endémicos junto con la incapacidad de gobernar de nuestros políticos. Eso es lo que aprecian los de fuera.

En mi caso, que nací y crecí allí, acepto que efectivamente existe esta diferencia, así como los males endémicos, hallo matices a la realidad que se puede idealizar desde fuera y quizá verse fortalecida por imágenes prensa. Entiendo la realidad de mi país como un problema de reinvidicación social, y opresión. La opresión de la cual hablo no es la del que más tiene sobre el que menos tiene; sino la de un círculo vicioso en el que se busca tener para conseguir una reivindicación social, y cuando se accede a esta (conciente/o inconscientemente) se tiende a reproducir la misma relación de opresión a la que en un día uno se vio sometido.

De forma idéntica al mediático caso Malaya, aquellos que en su día trabajaban para vivir, malentendieron que el objetivo final no era conseguir bienestar sino tener dinero y poder, para así poder obtener esa ansiada reinvidicación social. Quizá mi lógica tenga en este sentido una óptica un tanto reduccionista, pero considero que el eje final de toda esta trama parte de aquí si nos centramos en gran parte de nuestra clase dirigente, volviendo a lo propio, aquello que fue mi realidad durante poco más de veinte años.

Crecí en un país en el que cuando comencé a tener uso de razón la violencia y la carencia formaban parte del día a día. Veníamos de un periodo detestado por muchos, pero que considero necesario en nuestra historia nacional, una dictadura que precisamente procuró por lo menos a nivel de hecho romper con esa diferencia de tipo social, que no sólo se manifestaba en una ausencia en la igualdad de oportunidades y en la existencia de sistemas de gobierno que las perpetuaba. Estas diferencias existieron y siguen existiendo.

Vivir en la escasez, sobreviviendo entre apagones y racionamientos, añorando tiempos mejores en los que la dominación del que más tiene frente al que menos tiene era el fin deseado e idolatrado por muchos, esto junto con un desprecio constante a lo propio en un sinnúmero de formas, definen el crecimiento de mi sociedad con un problema mayor a la extrema pobreza. Un tipo de pobreza que no se salva con dinero ni con ayudas venidas de fuera, una pobreza que en toda su representación material halla su referente simbólico.

Definitivamente cubrir las necesidades básicas resulta esencial para superar la brecha que separa el sobrevivir y vivir; sin embargo, existen otro tipo de necesidades que tienen el mismo nivel de importancia y si no se salvan el problema seguirá existiendo. Quizá aquello que ejemplifique mejor todo lo que quiero decir está en un cuento que solía leer de pequeña: en el que por no poner un clavo a una herradura, un jinete no llegó a tiempo, y no por perder un segundo en poner un clavo a una herradura sino porque perdió el caballo que murió por el daño que le produjo perder una herradura. En ocasiones la solución a los problemas está en algo que precisamente no consideramos urgente, algo que preferimos relegar a un segundo plano por múltiples razones (quizá por no ser visible) cuando en realidad si lo resolviéramos las urgencias desaparecerían.

En las peores épocas de corrupción la idea de unidad nacional era desplazada por el primero salvo a mi familia, o sólo me importan los míos, o peor aún sólo me importo yo. El realizar cualquier acción buscando hacer la pillería sin darnos cuenta que la pillería más tarde nos la podía hacer a nosotros mismos. La idea de cohesión y de respeto por el otro eran conceptos inexistentes (comprendo que debido al miedo imperante), y aún hoy lo son. En un entorno así la imposición fuerza como medio de protección era visto como única forma de supervivencia social.

El vivir fuera hace que rompamos esta impronta, la mayor parte de las veces por una cuestión de integración. La tendencia es agruparnos alrededor de los nuestros generando así un vínculo solidario que nos procura una fortaleza (que va más allá de la ayuda misma). Este vínculo moral que nos entrelaza en la distancia, nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos, y así conseguir acceder a un estado de mayor bienestar. Este vínculo solidario nos recuerda nuestra esencia, y permite aflorar nuestra verdadera identidad grupal, aquella que realmente existe tanto dentro como fuera de Perú.

Indudablemente las cosas no son automáticas, y romper una pauta de conducta social nos toma un tiempo. Pero definitivamente aquello que nos permite integrarnos realmente a los de fuera en un espacio distinto al nuestro es el entendimiento final que nadie está en contra nuestro y que la única forma de acceder a las cosas va por el respeto de normas, el diálogo, la reflexión, y no por la fuerza. Somos muchos los que vivimos fuera, y quizá nuestra contribución a los que están dentro podría ampliar su radio de acción compartiendo la forma como nos hemos ido integrando, rescatando la forma como se construye, desde nuestra propia experiencia. Como la supervivencia se puede dejar atrás, como el bienestar es posible, y como este puede tener unas bases distintas a las que asumimos como verdades universales desde nuestros países.

Desde fuera valoramos más el lugar donde venimos, en la distancia nos definimos por de dónde somos, y quizá este valor que tenemos, es algo que podríamos también trasmitir a lo que viven dentro. Con el trabajo y la fuerza que te da saber quien eres en realidad, conseguimos acceder a un verdadero bienestar: por y para nosotros. Si somos capaces de hacer esto a nivel individual también es posible que este espíritu podamos transmitirlo a los que se quedan dentro. Es ejemplar la ayuda y la solidaridad que recibimos desde fuera, pero considero que la verdadera responsabilidad de cambio está en aquellos que vivimos esa realidad y somos concientes que se puede llegar a un estadio de bienestar mayor.